11 noviembre 2002

Noticias de Comunicación
Boletín nº 34

1. Periodismo de investigación y cámara oculta
     Artículo de José Alberto García Avilés
2. La "industria de la conciencia", o cuando los intelectuales se ponen al servicio del aparato industrial
    
Enzensberger, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades
3. Las revistas dirigidas a adolescentes distorsionan la imagen de la mujer
    Un análisis de las cabeceras más leídas revela que potencian un modelo de frivolidad
4. Animación: ¿el enemigo en casa?

   
Artículo de Sara Campello sobre la programación infantil en Televisión
5. La objetividad bajo el fuego cruzado
   
La prensa internacional ante el conflicto entre Israel y Palestina
6. El Arzobispo de Valencia propone una comunicación ecológica que permita captar el verdadero sentido de la vida

1. Periodismo de investigación y cámara oculta
Artículo de José Alberto García Avilés
BoletínBit.tv, 6 noviembre 2002 (extracto)

La cámara oculta se está convirtiendo en una moda en algunos programas de reportajes. A veces, se emplea como un medio para desvelar graves escándalos o buscar pruebas que confirmen una investigación periodística. Otras, en cambio, se vende como un cebo que despierta el interés de la audiencia, pero que dista mucho de ofrecer una investigación sustancial y profunda. En las últimas semanas, varios reportajes han utilizado cámaras ocultas en los probadores de un centro comercial, en las gradas de un campo de fútbol o en los lugares públicos donde está prohibido fumar. Esta proliferación de la cámara oculta ha abierto un debate entre los profesionales en nuestro país.

En el medio televisivo, el periodismo de investigación comparte los rasgos esenciales del habitual en prensa, con ciertas notas específicas. Según la asociación profesional Investigative Reporters and Editors, el periodismo de investigación consiste en "informar, mediante el trabajo y la iniciativa propia, sobre asuntos de importancia que algunas personas y organizaciones desean mantener en secreto. Contiene tres elementos básicos: la investigación surge del trabajo del reportero; los hechos que se cubren revisten importancia para el lector o espectador; y alguien intenta evitar que el público tenga conocimiento de esos hechos".

El periodismo de investigación exige un coste elevado y carece de horarios fijos, y los responsables de los servicios informativos se muestran reacios a efectuar grandes inversiones. La rutina también puede dificultar la investigación. En las redacciones de TV se origina un escaso número de noticias propias; a menudo interesan más las noticias del día y doblegar a la competencia, que investigar temas que suponen una inversión mucho más elevada.

La moda de la cámara oculta está generando un debate entre los periodistas. En declaraciones a la prensa, el realizador de TVE Miguel Angel Nieto considera que algunas producciones con cámara oculta "disfrazan de periodismo de investigación algo que se plantea como un espectáculo televisivo y capitalizan la palabra investigación". Una de las productoras que emplea de forma habitual la cámara oculta en sus reportajes es El Mundo TV (en reportajes como "El escándalo de Miss España" o "La gran mentira del corazón"). Su director, Melchor Miralles, afirmaba en El Semanal TV que la ley les ampara: "Jamás hemos buscado la intimidad de nadie. Tenemos sentencias firmes: es legítimo el uso de la cámara oculta y la ocultación de la identidad del periodista. Prima el derecho a recibir información". En esa misma publicación, Rafael Robledo, director de "Línea 900" (de La 2), subrayaba ciertas cautelas: "Utilizamos la cámara oculta sólo con relativa frecuencia, porque yo soy enemigo de esa forma de conseguir la información. Sólo la usamos ante un delito o una falta grave que justifique el derecho que todo el mundo tiene a saber que le están grabando. La cámara oculta debe ser un medio, no la noticia. Es peligrosa desde un punto de vista ético y no siempre legítima".

(...)

El espectador pronto alcanzará un nivel de saturación si se abusa de una técnica que fácilmente puede vulnerar el derecho a la intimidad y al honor. En el fondo, lo que está en juego es la credibilidad de los servicios informativos y de las productoras que realizan este tipo de reportajes. La misión del periodista no equivale a la del espía, agente de policía ni detective, aunque en ocasiones emplee algunas técnicas utilizadas en estos oficios. Ocultar la identidad periodística presupone engañar a alguien y la audiencia exige un precio por ello.

 

2. La "industria de la conciencia", o cuando los intelectuales se ponen al servicio del aparato industrial
Enzensberger, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades

El crítico y poeta alemán Hans Magnus Enzensberger, recientemente galardonado con el Ludwig-Börne Preis en Alemania, acaba de recibir el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. De un izquierdismo que ha moderado el paso de los años, Enzensberger se muestra crítico con la sociedad conformista y mediocre que crece al amparo del desarrollo material. El profesor Kart Spang, del Departamento de Literatura de la Universidad de Navarra, realiza en Aceprensa (servicio 136/02) un análisis del contenido de su obra, del que entresacamos estas líneas:

" (Una de las recopilaciones de sus obras, Einzelheiten I) reúne siete ensayos de diversa extensión agrupados bajo el subtítulo Industria de la conciencia, que constituye la clave programática que revela la intención del autor no sólo en éste sino incluso en bastantes ensayos posteriores. Nuevamente aflora aquí la tendencia izquierdista y progresista, puesto que todos los ensayos acusan y pretenden demostrar que el capitalismo reinante aspira a acaparar cínicamente no sólo el dinero y los recursos, sino a dominar también la conciencia de los ciudadanos. Y ello a través de una industria especializada en "comer el coco" a todo el mundo a través de la prensa, la industria editorial, el turismo y la retórica conservadora. No es de extrañar que el lenguaje desempeñe, junto con la imagen, un papel importantísimo en esta empresa y que en varios ensayos se analice con detenimiento; basta echar una ojeada a títulos como Journalismus als Eirtanz (Periodismo como prestidigitación), Die Sprache des Spiegel (El lenguaje del Spiegel, un conocido semanario alemán) o Sieben Hauptfiguren konservativer Rhetorik (Las siete figuras principales de la retórica conservadora).

La industria de la conciencia lleva a cabo lo que Enzensberger denomina como explotación inmaterial. Y lo consigue de un modo muy sofisticado, puesto que para poder domesticar al ciudadano tiene que generar primero conciencia, juicio y capacidad de decisión para luego instrumentalizarlos en el sentido y en beneficio del sistema. "La ambigüedad que reside en el hecho de que la industria de la conciencia siempre tiene que conceder primero a sus consumidores lo que luego les quiere sustraer, se repite y agudiza cuando se echa una mirada a sus productores, los intelectuales. Ciertamente no disponen del aparato industrial, sino que el aparato dispone de los intelectuales".

 

3. Las revistas dirigidas a adolescentes distorsionan la imagen de la mujer
Un análisis de las cabeceras más leídas revela que potencian un modelo de frivolidad
La Vanguardia, 6 noviembre 2002 (extracto)

Las revistas destinadas a las adolescentes españolas ofrecen una imagen distorsionada de las mujeres. Así lo concluye un estudio elaborado por la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), donde denuncian que estas publicaciones transmiten un modelo de mujer frívola, "preocupada únicamente por la imagen que tengan los demás de ella, por tener relaciones sexuales pasajeras, por los temas frívolos y la vida de los famosos".

El estudio se ha centrado en seis de las cabeceras más leídas por este segmento de edad ("Vale", "Cosmopolitan", "Ragazza", "Bravo", "You" y "Super Pop") y analiza las publicaciones editadas en los siete primeros meses del 2002. La CECU critica que no se inculquen "valores como el respeto o la solidaridad o ser uno mismo", al tiempo que se identifica el éxito de las jóvenes con tener pareja, alcanzar la fama y tener un estatus económico alto.

El análisis concluye que las revistas dirigidas al público adolescente femenino adjudican papeles y estereotipos sexistas, fijan normas y pautas de conducta, además de incitar el consumo en general y, en particular, el de productos como móviles, productos de belleza y ropa.

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También ponen en cuestión la autenticidad de algunas de las cartas enviadas por las lectoras: "Sorprende la perfecta redacción y conocimiento de la sexualidad", cuando buena parte de los testimonios "los firman adolescentes de 14, 15, 16 o 17 años". Otra de las cuestiones discutibles es la escasa presencia de especialistas cualificados en las consultas sobre salud, belleza, psicología y sexualidad.

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Finalmente, la CECU solicita y apuesta por una mejora y corrección de los contenidos de estas publicaciones, ya que, como recuerda, influyen en la conducta y los hábitos de las adolescentes.

 

4. Animación: ¿el enemigo en casa?
Artículo de Sara Campello sobre la programación infantil en Televisión
ABC, 2 noviembre 2002 (extracto)

Violencia explícita, conductas antisociales, estereotipos ofensivos y contenidos sexuales enmascarados bajo la inocencia de un dibujo son el menú diario de los niños que ven TV. La creatividad de Disney, el candor de la animación nacional y la originalidad de los productos norteamericanos son sustituidos en ocasiones por el garabato japonés, de descuidada estética y cargado de agresividad.

Según explica Vicente Sánchez de León, presidente de ATR (Asociación de Teslespectadores y Radioyentes), las cadenas «tienen un interés económico en programar los dibujos japoneses, ya que son más baratos y los adquieren en bloque; no estamos en contra de lo que compran, siempre que no programen en horario infantil títulos que ni siquiera emiten en Japón».

El demonio japonés

Persiste la creencia de que los dibujos animados tienen que ser todos infantiles, algo erróneo que demuestran títulos como «Los Simpson», «South Park» y la japonesa «Ranma 1/2». Precisamente, es en el país nipón donde la industria de la animación ha adquirido dimensiones titánicas con producciones que abarcan todo el espectro de edades y temáticas, incluso pornográficas, conocidas como «hentai» o «ecchi». Sin embargo, la libertad del mercado no legitima a las TV para disfrazar contenidos adultos en franjas destinadas a los más pequeños. «El verdadero problema es que las televisiones españolas carecen de una programación infantil coherente y continua específica para los niños; programan con descuido y no son conscientes de que además de cumplir con la legislación tienen una responsabilidad social», asegura Yolanda Quintana, portavoz de la Ceaccu (Confederación Española de Amas de casa y Usuarios).

(...)

La televisión es el medio de comunicación más seguido por los niños con una penetración del 96 por ciento. Dentro de este porcentaje, los de ocho a diez años son los que más TV ven, según el EGM. Cabe destacar el equipamiento con que cuenta este segmento de la población: un 31,3 por ciento tiene TV en su cuarto, un 15,1 por ciento ordenador propio y casi el 21 por ciento posee teléfono móvil. Con este perfil es fácil pensar que cualquier contenido inadecuado que popularice la televisión puede convertirse en un enemigo infiltrado en el hogar. Las asociaciones de consumidores proponen un compromiso entre las autoridades, los padres y la industria. «Lamentablemente -dice la portavoz de la Ceaccu-, las cadenas sólo nos hacen caso cuando hay una denuncia». Así, mientras los agentes se echan la pelota unos a otros sobre quién debe velar por lo que ven nuestros hijos, los expertos advierten de la influencia nociva de una mala programación.

 

5. La objetividad bajo el fuego cruzado
La prensa internacional ante el conflicto entre Israel y Palestina
Aceprensa 139/02, 30 octubre 2002 (resumen)

Tras dos años de “intifada”, la violencia sigue imperando en Israel y Palestina, sin que se vislumbre una solución negociada ni una victoria definitiva de ninguna de las dos partes. Por eso, mientras continúa la lucha sobre el terreno, unos y otros están librando una batalla por el favor de la opinión pública occidental. El objetivo son los medios de comunicación, que reciben presiones para difundir lo que cada bando considera la verdad sobre el conflicto. Bajo el fuego cruzado, la prensa extranjera es acusada de parcial... en los dos sentidos.

Hace un año, el rabino de Nueva York Haskell Lookstein hizo un llamamiento a los judíos norteamericanos para que cancelaran sus suscripciones y dejaran de comprar el New York Times durante diez días. El motivo era “la persistente parcialidad contra Israel” que practicaba el diario, de la que daba varios ejemplos. “Es hora de mandar un mensaje al New York Times –declaró Lookstein–, para que sus redactores y propietarios sepan que estamos indignados y decididos a actuar”.

Pero el pasado 12 de abril, la organización norteamericana Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR) acusó al Times de ser “claramente pro-israelí”. Dos días antes, Mark Jurkawitz, que escribe sobre medios de comunicación en el Boston Globe, había publicado un artículo en que describía al Times como parte de la maquinaria propagandística del gobierno israelí. Lo que no impidió que el 6 de mayo, la revista norteamericana The Idler denunciara que el mismo diario publicaba “propaganda palestina”.

Denuncias contradictorias

También Los Ángeles Times, el Washington Post, la CNN, Le Monde, la cadena France 2 y otros grandes medios occidentales son objeto de acusaciones de ambos lados, por motivos opuestos. Las organizaciones interesadas, pro-israelíes y pro-palestinas, miran a los medios con lupa, y no les pasan una. Publican denuncias, montan campañas de cartas de queja, convocan manifestaciones ante las sedes de las redacciones.

Nadie ignora que los medios no son totalmente objetivos y que muchos simpatizan más con un bando que con otro. Pero cuando unos mismos medios son acusados de parcialidad en los dos sentidos, se deduce que no es exactamente objetividad lo que se les exige. Más bien parece, a juicio de un periodista norteamericano, que las partes en conflicto protestan porque “lo que consideran la verdad, su verdad, no se dice tan alto como les gustaría”.

Los denunciantes pretenden hacer presión sobre los medios, y los medios la notan. Jacob cita a un corresponsal norteamericano: “Nuestros jefes están sometidos a una presión constante por parte de la comunidad judía, pero también de la árabe”. Otro testimonio recogido por Jacob es el de Jean-Claude Allanic, ombudsman de France2: “Cuando abro mi correo electrónico, me encuentro con los eternos mensajes sobre el Oriente Próximo, que me desesperan cada vez más. Parece que el diálogo se ha hecho imposible”. No es raro que muchas protestas se expresen con los mismos términos, lo que revela campañas organizadas.

Los medios no son insensibles a estos aludes, aunque solo sea por las molestias que causan. Robert Fisk, corresponsal del diario londinense The Independent en Oriente Próximo, contaba un caso en su periódico, el 17-IV-2001. Una judía israelí escribió un artículo sobre el éxodo palestino de 1948, para un importante periódico norteamericano. Mencionaba la matanza de palestinos en Dir Yassin, a manos de milicias judías. Cuando se publicó el artículo, ella vio que en el proceso de edición habían añadido el adjetivo “supuesta” (alleged) antes del sustantivo “matanza”. Llamó al ombudsman del periódico para pedir explicaciones, pues la matanza de Dir Yassin es un hecho histórico. Respuesta: “Me dijo –recuerda la autora– que el director había introducido la palabra ‘supuesta’ antes de ‘matanza’ porque pensó que así se evitaría muchas quejas”.

Fuentes de propaganda

Los problemas de los medios están no solo en el público, sino en las mismas fuentes. Todas las informaciones que reciben los periodistas extranjeros, vengan de un bando o de otro, “pasan por el filtro de la propaganda”, dice Bertrand Aguirre, corresponsal de la cadena francesa TF1 en Jerusalén (Le Monde, 19-VI-2002). Tanto el gobierno israelí como la autoridad palestina se esfuerzan por hacer que se imponga su respectiva versión. Ahora bien, en esto los israelíes son mucho más hábiles.

Cada vez que Israel sufre un atentado importante, la Oficina de Prensa del gobierno ofrece a los medios extranjeros entrevistas, en el idioma de cada uno, con portavoces israelíes. No hay necesidad de desplazar las cámaras: los encargados de hacer declaraciones acuden al edificio de Jerusalén que alberga a los medios acreditados en Israel. El gobierno también realiza campañas informativas en el exterior. En junio pasado, envió a Francia un portavoz del ejército para presentar a los medios de este país un informe sobre la incursión militar en Yenín. Este mismo año, la Oficina de Prensa israelí envió de gira por Italia y España a unos parientes de personas muertas en atentados.

Los corresponsales procuran, desde luego, no depender solo de fuentes interesadas, sino obtener informaciones de primera mano. Pero no resulta fácil. En marzo, al emprender la operación “Muro de Protección” en Palestina, el gobierno israelí prohibió a los periodistas acceder a los escenarios de las incursiones militares. Daniel Seaman, director de la Oficina de Prensa del gobierno, justificó la medida con el argumento, entre otros, de que la prensa extranjera es poco objetiva. Parte de ella, decía, “no es profesional”, y a la vez está presionada por la competencia a “enviar reportajes continuamente, a menudo en perjuicio de la exactitud”. Seaman añadía que los periodistas de fuera “rodean la lucha palestina de una especie de romanticismo”. Por eso, concluía, el gobierno había decidido no ser tan tolerante. Por ejemplo, “si una televisión es constantemente hostil a Israel, ¿por qué habríamos de concederle una entrevista con nuestro primer ministro Ariel Sharon? La daremos más bien a un medio que haya dado pruebas de objetividad” (Le Monde, 19-VI-2002).

Por su parte, los palestinos también tratan de influir en la prensa occidental. No son, sin embargo, tan eficaces como sus rivales. La Autoridad Nacional Palestina tiene menos medios, adolece de notable descoordinación (su territorio está ocupado y su estructura administrativa, destruida en gran parte), cuenta con pocos portavoces que hablen bien inglés.

No obstante, la parte palestina cuenta con una ventaja, que es la principal desventaja israelí. Así la describe Aviv Lavie, que hace la crónica de medios de comunicación para el diario israelí Ha’aretz: “El problema de la estrategia de comunicación de Israel es que la ocupación cuela muy mal: cuando se ve soldados y tanques de un lado, mujeres y niños lanzando piedras del otro, el mundo tiende a tomar partido por los débiles” (Le Monde, 19-VI-2002). Los esfuerzos del gobierno para que las cámaras no tomen imágenes de ese tipo pretenden impedir tal efecto.

Pero los portavoces palestinos no han sabido jugar bien esta baza: la han quemado, en buena medida. Por querer explotar constantemente su condición de víctimas, a menudo reaccionan de manera precipitada y magnifican los hechos. Tras haber pronunciado graves denuncias que luego se han comprobado exageradas, han desgastado su credibilidad ante los medios extranjeros. Por no hablar del terrorismo practicado por los grupos radicales, que inevitablemente erosiona la causa palestina en el exterior.

 

6. El Arzobispo de Valencia propone una comunicación ecológica que permita captar el verdadero sentido de la vida
AVAN, 7 noviembre 2002 (extracto)

El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, en su carta pastoral semanal propone aplicar los principios de la ecología en la comunicación "para captar el verdadero sentido de la vida no desde el egoísmo sino desde la entrega generosa a los demás". Se trata de "trabajar para conseguir propósitos elevados donde la comunicación no es un negocio o espectáculo banal sino una herramienta útil para lograr el bien común de la humanidad".

El prelado hace un llamamiento en su carta a "tomar en serio la vulnerabilidad humana", en referencia, entre otras situaciones, al "drama diario que sufren para subsistir los inmigrantes, las dificultades para sacar adelante una familia, el agobio de la competitividad desmedida que padecen muchos trabajadores de nuestro tiempo o el silencio de las mujeres y hombres que se ven abocados a prostituirse por la esclavitud de las drogas". Todas éstas son cuestiones "que no pueden pasar por alto para un comunicador comprometido con la sociedad de nuestro tiempo".

La ecología de la comunicación que propone el arzobispo de Valencia pretende que "sepamos preguntarnos si los mensajes están creando un clima que ayuda a crecer a las personas, o más bien estamos generando una borrasca donde a base de multiplicar informaciones con mayor rapidez de lo que pueden asimilarse ya no cabe distinguir ni el bien, ni la verdad, ni la belleza".

En su carta, titulada "Por una comunicación ecológica", monseñor García-Gasco advierte sobre cómo un buen uso de la comunicación puede contribuir a cambiar la sociedad actual en la que "las personas más fuertes, ricas y poderosas pueden aguantar mejor muchos de los males de nuestra época, e incluso pueden no sufrirlos e ignorarlos, pero los más débiles no lo pueden soportar y necesitan de la virtud de la solidaridad".