2 diciembre 2002
Noticias de Comunicación
Boletín nº 37
1. El Parlamento Europeo aboga por el pluralismo de los medios de comunicación
2. Italia aprueba un código ético contra la violencia en televisión
3. El lenguaje del racismo en los medios de comunicación
La responsabilidad de los medios en el mito de "la invasión del inmigrante" centró la reflexión que el periodista Juan José Téllez hizo en las Jornadas sobre Medios de Comunicación y Racismo celebradas en la Complutense
4. Debate sobre cómo se informa de la violencia doméstica
5. En Colombia, la información es considerada como una arma más de guerra
Entrevista a Gloria Moreno de Castro, directora ejecutiva de Medios para la Paz
1. El Parlamento Europeo aboga por el pluralismo de los medios de comunicación
Recol, 21 noviembre 2002El Parlamento Europeo ha adoptado una resolución que hace hincapié en la necesidad de salvaguardar el pluralismo de los medios de comunicación y garantizar la libertad de expresión en todos los Estados miembros.
El PE alerta de los peligros para la democracia de una concentración de los medios y pide a la Comisión que evalúe si es necesaria una directiva comunitaria para salvaguardar el pluralismo de los medios de comunicación, la libertad de expresión, la diversidad cultural y la competencia leal en el mercado publicitario.
La resolución insiste en que debe crearse un mercado europeo de los medios de comunicación para evitar la creciente disparidad en las normas nacionales contra la concentración y garantizar condiciones de competencia iguales.
Además, la Comisión debe iniciar un proceso de consulta para evaluar el impacto de las fusiones, alianzas y empresas mixtas sobre el pluralismo de los medios de comunicación y la libertad de expresión.
2. Italia aprueba un código ético contra la violencia en televisión
ABC, 1 diciembre 2002 (extracto)Las televisiones y emisoras públicas y privadas italianas han firmado un código de autocontrol para defender a los niños de la violencia y el sexo en televisión. Éste establece una franja horaria protegida, que va desde las cuatro de la tarde hasta las siete, y recoge que serán las emisoras las que señalen qué programas son adecuados para los adultos y cuáles no. También se prevé la creación de un comité de control, formado por quince personas nombradas por el Ministerio de Telecomunicaciones.
El documento prevé multas de hasta 25.000 euros si se vulneran las normas e, incluso, la suspensión de la licencia de emisión. Además, los anuncios que se emitan en la citada banda horaria también estarán controlados, y se evitarán aquellos que inciten al consumismo o condicionen para seguir modelos impuestos. De esta manera, en los telediarios y películas se evitarán, «si no son estrictamente necesarias», las escenas de violencia y sexo. También se prohíbe que se someta a preguntas escabrosas o sobre la intimidad familiar y personal a los niños que acudan a programas en televisión.
Este último punto se ha incluido para intentar evitar lo que sucedió hace varios días en un programa del segundo canal de la RAI, RAIDUE, llamado «Al posto tuo» («En tu lugar»), en el que un niño de diez años fue invitado para elegir el nuevo novio de su madre, originando una fuerte polémica.
3. El lenguaje del racismo en los medios de comunicación
La responsabilidad de los medios en el mito de "la invasión del inmigrante" centró la reflexión que el periodista Juan José Téllez hizo en las Jornadas sobre Medios de Comunicación y Racismo celebradas en la Complutense
Canal Solidario (extracto)"Habrá que asumir que cierta responsabilidad tenemos" fueron las primeras palabras que Juan José Téllez, director del programa radiofónico Bienvenidos en Canal Sur Radio, pronunció en la charla que dió dentro de las Jornadas sobre Medios de comunicación y racismo organizadas por la Asociación Solidaria para la Integración Sociolaboral del Inmigrante (A.S.I.S.I.) en la Universidad Complutense de Madrid. Para este periodista experimentado, la prensa, radio y televisión españolas son responsables de la creación del "mito de la invasión del inmigrante". Pero "¿de qué invasión estamos hablando en un país que se muere de viejo y en el que sólo un 2,5% de la población es inmigrante?
Este periodista andaluz entiende el tráfico ilegal de personas como una lacra de la globalización al tiempo que se lamenta de que en las sociedades desarrolladas cada vez más, se sienta miedo de los inmigrantes. Paradójicamente, explica Téllez, sentimos miedo por las víctimas en vez de por el verdugo" y para ilustrarlo, pone el ejemplo de una mujer subsahariana que, embarazada, cruza el Estrecho; ¿Es esa una invasión?, se pregunta en una dura crítica a los medios de comunicación que, por falta de tiempo, dinero o ganas, no dan la justa imagen de este fenómeno.
El vocabulario de la discriminación
El lenguaje es la herramienta de trabajo de los periodistas que, a menudo, utilizan de una forma inadecuada, incluso discriminatoria. Palabras como integración o tolerancia, para Téllez, deberían ser sustituidas por diálogo y convivencia. Un ejemplo claro de léxico mal empleado es el verbo 'interceptar'. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, su significado sólo es aplicable a objetos y no a personas. La palabra correcta sería 'deterner' y sin embargo, no se puede emplear ya que los inmigrantes indocumentados no pueden ser detenidos al no haber cometido ningún delito, sino una mera infracción administrativa.
Así mismo, términos como 'ola', 'invasión' o 'avalancha' no hacen sino agrandar la impresión que de la inmigración tiene la opinión pública. Otra palabra a desterrar de nuestros medios de comunicación es problema para calificar los grandes flujos migratorios.
Prensa, radio y televisión contribuyen a fabricar un estereotipo peligroso del inmigrante usando el término 'ilegal' en vez de otros más apropiados como indocumentados o sin papeles. No contrastar datos, limitándose a dar la versión oficial por falta de ganas o conocimiento es lo que, a ojos de Téllez, hace que se dé una información sesgada y errónea que convierta a los inmigrantes en sujetos pasivos de un fenómeno informativo que les incumbe. ¿Por qué dan siempre cifras y no rostros?, se pregunta el periodista a la vez que pide a los profesionales asistentes en las Jornadas que ofrezcan datos fehacientes sobre la realidad social y cultural de los países de origen. (...)
4. Debate sobre cómo se informa de la violencia doméstica
La Vanguardia, 26 noviembre 2002El tratamiento informativo sobre la violencia doméstica, sobre todo en la televisión, ha mejorado notablemente respecto a hace unos años; no obstante, las mujeres maltratadas no se identifican con el modo en que los medios de comunicación presentan su problema y han adoptado un papel crítico y activo para defenderse de los contenidos de aquéllos.
Éste es el resultado contrastante de sendos estudios presentados ayer en Madrid y Barcelona, de los cuales uno ofrece una visión optimista del tema y el otro, pesimista. En Madrid, el periodista de TVE Juan Cuesta ha afirmado que se está registrando un esfuerzo para "sacar el problema del armario". En Barcelona, dos profesores de la Universitat Autònoma han denunciado el hecho de que los medios reducen la violencia a las agresiones físicas (y no psicológicas) y que sólo aparecen casos relativos a estamentos sociales bajos.
5. En Colombia, la información es considerada como una arma más de guerra
Entrevista a Gloria Moreno de Castro, directora ejecutiva de Medios para la Paz
ACEPRENSA, servicio 155/02, de 27 de noviembre 2002 (extracto)El reciente secuestro de un obispo y un sacerdote ha puesto de relieve ante el público mundial la tragedia colombiana. Por término medio, cada mes hay en Colombia 27 asesinatos colectivos, más de 200 secuestros, 30.000 nuevos desplazados, seis mutilados o muertos por minas antipersonas. Y, como en las guerras, en el conflicto colombiano la información puede convertirse en una arma más. Por eso, hace cuatro años algunos periodistas colombianos fundaron Medios Para la Paz, con el objetivo de desarmar la palabra, promoviendo la información veraz y responsable. Por esta labor, Medios para la Paz ha recibido el Premio Luka Brajnovic, que otorga la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Hemos hablado con Gloria Moreno de Castro, la directora ejecutiva, que acudió a Pamplona para la entrega del premio, celebrada el 8 de noviembre.
¿Cómo nació Medios para la Paz?
Primero quisiera partir de la guerra interna que vive Colombia, el conflicto armado más largo del continente americano: más de cuarenta años de guerra, pero también con una larga historia y experiencia en negociaciones de paz, acuerdos, armisticios, desmovilizaciones de movimientos guerrilleros, reinserción de guerrilleros a la vida civil, de múltiples esfuerzos desde la sociedad para la paz.
Y de pronto confluyeron dos aspectos. Primero, el vacío profesional experimentado por algunos periodistas, ya que la guerra requería un compromiso más firme por parte de la prensa en cuanto a la búsqueda de solución, en cuanto a la manera de narrarla: no desde los portavoces armados, sino desde las historias de las víctimas. Hacía falta también una mayor comprensión del contexto, del análisis histórico. Era preciso un periodismo más investigativo, de seguimiento de las negociaciones políticas, que exigía de unas herramientas profesionales específicas para recuperar el valor objetivo de la palabra. Segundo, lo anterior coincidió con un momento en que la sociedad colombiana comenzaba a reclamar de la prensa mayor responsabilidad, ya que en ocasiones había llegado a ser calificada como otro actor del conflicto, como un instigador de violencia, un instrumento que entorpecía la paz. Y a raíz de esos dos factores nació Medios para la Paz.
Ser periodista en Colombia se ha convertido en una profesión verdaderamente arriesgada, no sólo por el riesgo de la situación bélica misma, sino también porque los periodistas son extorsionados y asesinados por sus informaciones...
No quiero colocar al periodista colombiano como un ser privilegiado, pues en mi país muere tanta gente indefensa, gente de la población civil, líderes sindicales, defensores de los derechos humanos, políticos... Pero creo que la prensa debe representar la voz, los oídos, el sentir de la población en su conjunto, y ser también defensora de todos los demás derechos, no sólo del derecho a la información. En Colombia, como en todas las guerras del mundo, la información es considerada una arma más de guerra, en la batalla de la opinión pública.
Pero también se cometen injusticias por parte de los periodistas: por carencias profesionales, porque sin quererlo nos alineamos en un bando determinado, o sencillamente por connivencias explícitas con los actores armados. Hay carencias a la hora de narrar, porque ni se investiga ni se analiza lo suficiente. En el exterior no se conocen bien las presiones que ejercen los actores armados ni los riesgos del periodismo en tiempos de guerra, entre fusiles, con una impunidad donde no se descubren tampoco los autores materiales de los hechos. Y ahí es donde ocupamos un doloroso lugar de riesgo, figurando en la lista de los países donde es más peligroso ser periodista.
Cualificar a los periodistas
Medios para la Paz resume sus objetivos en tres conceptos: cualificación, reflexión y documentación. Para ello lleva a cabo una intensa labor docente y asesora, y ha sido requerida por numerosas instituciones académicas en Colombia y en todo el mundo. ¿Cómo han desplegado esta actividad, y qué respuesta han encontrado?
En el área de formación y reflexión, hemos diseñado talleres en el campo del contexto histórico, en el de la ética, de la investigación, de la narración periodística de la guerra, de análisis de contenidos... En muchas ocasiones desplazamos los talleres a las regiones más afectadas por la guerra, y trabajamos codo con codo con los periodistas locales.
Generamos alianzas entre los periodistas, advirtiéndoles que no queremos más mártires, que lo que necesitamos es proteger la información frente a los actores armados, contar la verdad, para que 42 millones de colombianos estén bien informados. Creamos también alianzas con los organismos internacionales, que garanticen la neutralidad de la información.
Hemos diseñado incluso un diplomado que hemos llamado periodismo responsable en el conflicto armado, que ha sido avalado por la Universidad Javeriana. También fomentamos tertulias entre colegas sobre temas específicos de la guerra o de las negociaciones, o sobre el mismo papel de la prensa en tiempos de guerra. Hemos llevado a cabo 45 talleres para cerca de 1.300 periodistas, recorriendo prácticamente todo el país con un discurso netamente profesional.
En materia de documentación, aunque nosotros no somos un medio de información, lo que sí hacemos es poner en circulación materiales que ayuden a contextualizar históricamente el conflicto colombiano.
Vacuna contra las trampas de la guerra
¿Qué papel ha tenido en este proceso el periódico El Antivirus, que Medios para la Paz distribuye entre las redacciones?
Como su nombre indica, quiere ser una vacuna contra todas las trampas que la guerra tiende al periodismo. Ofrecemos material de reflexión, de análisis sobre nuestra misión, y publicaciones recientes de periodistas sobre la guerra y sobre las iniciativas de paz.
Junto al Antivirus, hemos creado una red por Internet desde nuestra página web [www.mediosparalapaz.org], que cuenta con 6.000 visitas al mes, y desde ahí ofrecemos una sección de asesoría donde respondemos a las dudas y dilemas de otros periodistas. No les hacemos las tareas, pero sí funcionamos a la manera de un consejo de redacción, que señala pautas, resalta valores profesionales, y recomienda fuentes independientes y neutrales.
El Premio Brajnovic ha querido reconocer a Medios para la Paz no sólo por su labor en Colombia, sino por los valores e ideales que defiende, aplicables al periodismo en todo el mundo. ¿Qué repercusión internacional ha tenido en el mundo del periodismo Medios para la Paz? ¿Cuáles son las carencias y dificultades a las que tiene que hacer frente el mundo del periodismo?
Hay una cuestión que es central, y que todavía no se ha asimilado: la función social que cumplen los medios de información. Se habla mucho de los derechos de los periodistas, pero no se insiste lo suficiente en los deberes y responsabilidades del periodista. Se insiste en que la función del periodista es informar, pero el periodista, lo quiera o no, genera opinión pública, y ahí está su función social. Por eso creo que debemos detenernos a pensar más sobre nuestro papel y nuestra responsabilidad social.
Creo que concretamente, en el modo de cubrir la guerra, existe un periodismo escandaloso, superficial, a veces hasta más sangriento que la propia guerra. Don Luka Brajnovic nos enseñó que, en medio de la guerra, la ética y el profesionalismo son el arma más eficaz con que cuenta el periodista para defender la información y defender al hombre de los horrores de la guerra.
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