16 diciembre 2002

Noticias de Comunicación
Boletín nº 39

1. Muere en Milán a los 65 años el editor italiano Leonardo Mondadori
2. “El ‘New York Times’ no publica todo lo que sabe”
     Entrevista a Arthur Sulzberger Jr., editor de “The New York Times”
3. La Radio coge carrerilla
     Resultados de la última oleada EGM
4. El TC ampara por vez primera a un periodista que dejó su periódico por su cambio de línea ideológica

5. Tele 5 gana la apuesta de los informativos
     Gran audiencia de su reportaje en las playas gallegas

1. Muere en Milán a los 65 años el editor italiano Leonardo Mondadori
ABC, 13 diciembre 2002

Leonardo Mondadori, presidente de la editorial italiana Mondadori, murió hoy en su casa de Milán a los 56 años, en medio del reconocimiento a su tarea cultural y artística durante los últimos tres decenios.

Mondadori padecía desde hace cuatro año un cáncer, como él mismo publicó en las páginas del libro que escribió junto al escritor católico Vittorio Messori, en el que relató su conversión a la fe cristiana a través del Opus Dei. El redescubrimiento tardío del catolicismo es el último capítulo de una intensa biografía y de una vida transcurrida entre los libros, el arte y el mecenazgo.

Desde su juventud, y después de licenciarse en filosofía, Leonardo Mondadori comenzó a trabajar en la editorial fundada por su abuelo Arnoldo y que continuó su padre Alberto, hasta que en 1982 fue nombrado vicepresidente del grupo.

Editorial Mondadori fue el centro de uno de los litigios más sonados en la Italia del comienzo de la década de los años 90, al pugnar por su propiedad dos empresarios de campanillas, Carlo de Benedetti y el hoy primer ministro, Silvio Berlusconi. Al final Berlusconi se hizo con Mondadori, tras un laudo judicial que aún colea en los tribunales de Justicia por el supuesto soborno a los jueces que intervinieron en la adjudicación. Cumplido este controvertido pasaje, Leonardo Mondadori pasó a ser el presidente de la editorial, cargo que ocupó hasta su muerte y que simultaneó con otras responsabilidades en el mundo del libro, incluida la creación de su propio sello, "Leonardo", en 1988.

Apasionado del arte y promotor incansable de acontecimientos culturales, la vida de Leonardo Mondadori en los últimos años estuvo marcada por su conversión religiosa y su vinculación al Opus Dei, y a su difusión dedicó sus últimas apariciones públicas.

En su libro "Conversión, una historia personal" dejó escrito que "la vida me ha demostrado que quien sigue la ortodoxia católica, que funciona desde hace dos mil años, no se ve nunca defraudado".

El pasado mes de octubre recibió en la sede de la editorial en Milán a un grupo de periodistas valencianos con ocasión de un viaje profesional organizado por la Fundación COSO.

 

2. “El ‘New York Times’ no publica todo lo que sabe”
Entrevista a Arthur Sulzberger Jr., editor de “The New York Times”
La Vanguardia, 15 diciembre 2002 (extracto)

Arthur Sulzberger Jr., de 51 años, ha abandonado Barcelona con el I Premio Internacional Conde de Barcelona, que otorga el Grupo Godó, en su equipaje. El presidente de The New York Times Company y editor de “The New York Times” conversó con “La Vanguardia” el martes, horas antes de recibir el galardón que le entregó el rey don Juan Carlos en el Liceu.

–¿Cuál ha de ser el papel de la prensa en estos tiempos de crisis y guerra?

–El papel de la prensa no cambia porque la historia sea más grande o más pequeña, más importante o menos importante; el papel de la prensa sigue siendo el mismo. Puede que se trate de Bill Clinton y sus líos sexuales en la Casa Blanca, que en realidad fue una historia de poca enjundia y no fue tan importante. Sin embargo, acabó en el “empeachment” del presidente. No le encontraron culpable en el Senado, ¡pero sí fue “empeached”! Así, ¿cuál es el papel de la prensa? Reside en divulgar la información que permite a la democracia sobrevivir, que permite a los ciudadanos tomar las decisiones que tienen que tomar en las urnas. Esto es mucho más difícil en tiempos de guerra, en tiempos de crisis nacional. Y algnas de éstas son dificultades legítimas. En nuestro país se dice, y supongo que también en España, que los diarios no publican los movimientos de las tropas; o sea, no vamos a publicar que un barco lleno de soldados está a punto de zarpar del puerto de Nueva York el martes a las 10 de la mañana. Nos esforzamos para asegurarnos de que nuestra información sea equilibrada, justa y tan completa como sea posible. Pero nos paramos antes de revelar cuestiones de seguridad nacional.

–La seguridad nacional fue esgrimida hace poco más de treinta años cuando su padre, Punch Sulzberger, decidió que se publicaran unos documentos secretos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam.

–Ha puesto un buen ejemplo. Mi padre tomó entonces una decisión crítica, porque la Administración Nixon dijo claramente que estaban afectados por la seguridad nacional. Decidimos seguir adelante y nos encontramos ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos... y ganamos. Ahora todo el mundo sabe que la seguridad nacional no tenía nada que ver. Otro ejemplo es el del “Chicago Tribune”, que en 1942 publicó que habíamos descifrado los códigos secretos navales de los japoneses: una clara infracción de la seguridad nacional. El entonces presidente Roosevelt por poco encarcela al que estaba al frente del “Tribune” pero, de haberlo hecho, estaba seguro de que sólo hubiera servido para llamar aún más la atención sobre la historia. Por suerte, los japoneses no leían el “Tribune” y pudimos utilizar sus códigos durante el resto de la guerra, lo que dio a los aliados una gran ventaja. Cualquier periódico puede cometer errores, pero todo periódico tiene que pensárselo mucho en tiempos de seguridad nacional.

–Los gobernantes siempre tienen la tentación de convertir a los medios de comunicación en meros órganos de propaganda, máxime en situaciones de conflicto. Algunos medios caen en la tentación de reproducir sin más lo que son meras declaraciones acusatorias, renunciando a indagar racionalmente y brindando un apoyo acrítico a la guerra.

–Los gobiernos están desempeñando el papel que les toca por derecho cuando dicen: “Así es como vemos el mundo”. La prensa se encontró en un aprieto en los años cincuenta con McCarthy, aquel senador loco que se ponía de pie para informarnos sobre cuántos comunistas había en el Departamento de Estado y que viajaba por todo el país diciendo: “Mira, tengo una lista de 56 comunistas en el Departamento de Estado”. Lideró un movimiento anticomunista que era tan terrible como destructivo. El problema es que nosotros le estábamos dando espacio en nuestras páginas... ¡Era un senador! Aparecería en West Virginia haciendo acusaciones infundadas y la prensa se hallaba con las manos atadas porque no estaba dispuesta a ir más allá de lo que decía el gobierno. Nos ha costado, pero todos hemos aprendido de aquella lección. Sí, hay que publicarlo, porque forma parte del trabajo. Pero luego hay que seguir e ir más allá de la noticia para situarla dentro del contexto de lo que realmente sabemos, dentro de lo que creen los que no están de acuerdo con el senador ¿Lo puede demostrar? ¿Lo ha dicho antes? ¿Estaba mintiendo? Y justo después de aquel periodo se produjo un cambio enorme en la prensa de Estados Unidos. Empezamos a reflexionar sobre cómo nos habíamos comportado. Quedó patente que bastante mal. A partir de entonces hubo más análisis y de lo que en “The New York Times” denominamos “Q-heads”: aquí está lo que él dice, pero aquí lo que nosotros sabemos.

–Saber en tiempos de guerra es mucho más difícil...

–La guerra dificulta esta tarea. Los militares tienen el deber de guardar secretos: es su trabajo; es un buen trabajo, es lo que tienen que hacer, están dentro de su derecho y es su responsabilidad. Ahora bien, nuestro trabajo consiste en destapar los secretos; sí, y es un gran trabajo. Sin embargo, no debemos publicarlo todo. Hay muchos casos, muchos casos en los que “The New York Times” y otros periódicos no hemos publicado lo que sabemos. Pero se trata de una decisión que está en manos de los editores. Así se produce un conflicto, un conflicto natural, saludable entre los periodistas, que intentamos averiguar la mayor cantidad de información posible, y los militares, que intentan evitarlo. Obviamente, esto es bastante más complicado en una guerra de este tipo. La guerra de Vietnam ha sido la guerra que más cobertura ha recibido en la historia de nuestro país. La guerra del Golfo no fue así, sino todo lo contrario, era casi imposible recabar información. En Afganistán fue fácil. Nuestros reporteros se acercaban más a las primeras líneas de fuego que los propios militares. Sé de un caso en el que un militar se dirigió a un reportero nuestro para decirle que ojalá pudiera acercarse tanto como él, pero que tenía órdenes de no hacerlo. De modo que si volvemos a estar en guerra en el Golfo contra Iraq, sospecho que va a ser difícil conseguir información..., así que pondremos a nuestra gente en la periferia, para que esté lista para el momento en el que se produzcan los acontecimientos. Es un reto, sí; pero así es nuestro negocio.

–Para los periódicos, ¿hay alguna diferencia si hay un presidente demócrata o republicano en la Casa Blanca?

–No, en realidad no hay gran diferencia. Creo que depende menos de si se trata de un demócrata o un republicano que del carácter del presidente. Por ejemplo, el presidente Bush y su Administración se encerraron en un nivel de alto sigilo, de guardar secretos, ya desde antes del 11-S. Y fue por la decisión del vicepresidente de no divulgar la gente con la que entró en contacto cuando estaba elaborando la política energética. Yo no creo que sea una cuestión de republicanos o demócratas, sino que esta Administración tiene una preferencia por las habitaciones cerradas, por guardar secretos... que es la mayor que yo he visto. Por el contrario, durante la Administración Clinton, se sabía todo. Pero ignoro si lo quería así o si simplemente era así porque sí. Depende del carácter del individuo, no del partido. Un republicano abierto tiene tantas posibilidades de existir como un demócrata cerrado. Pero la actual Administración tiende a tomar las decisiones de una manera digamos que recluida.

–Hay quienes temen que la información de calidad se resienta frente a los gigantes conglomerados mediáticos o que, en su defecto, se presente como tal una desinformación de “calidad”.

–La gente es capaz de creer cualquier cosa; hay gente que cree que el sol está a punto de explotar... Existen buenos grupos periodísticos y también los hay malos; existen pequeños periódicos independientes buenos y también los hay malos. No depende de la cantidad de periódicos que pertenecen a tu grupo, sino de la calidad del periodismo. ¿Lo grande es malo? ¿Cualquier empresa grande es mala? ¿Un gobierno grande es necesariamente malo? Algunas personas piensan que sí, y no lo analizan, se limitan a creer que es así..., pero luego aplican el mismo cuento al periodismo. Se trata de una cuestión falsa; habría que examinar caso por caso y luego preguntarse si está mejor o peor debido a su estructura.

–El gran negocio de los periódicos o grupos de comunicación no reside exclusivamente en las ventas y se debe apostar por la calidad y la credibilidad. Ésta es una de sus máximas.

–Bueno, bueno, yo también creo en que hay que vender mucho. No es idea mía, ni de mi padre ni de mi abuelo. Era de Adolph Ochs, quien se hizo con “The New York Times” en 1896. Era probablemente el más débil de los doce o trece periódicos en inglés que existían entonces en Nueva York. Y lo primero que hizo con este periódico –con un préstamo– fue añadir una revista, una sección sobre libros y una sección de negocios. Así empezó a construir un gran periódico, y el resto ya pertenece a la historia. Yo sólo sigo los pasos de mis predecesores, al aumentar la calidad, máxime cuando muchos periódicos se están apartando del periodismo de calidad porque estiman que los gastos son demasiado elevados, sobre todo a la hora de enviar reporteros al extranjero, aumenta la circulación. Así, somos el periódico de mayor circulación de Estados Unidos. Nuestra circulación ha crecido a lo largo de los últimos cinco años en un momento en que la mayoría de los periódicos ha experimentado un bajón. Sí, la calidad vale la pena.

–¿En qué orden: la calidad y la credibilidad y, por último, la circulación?

–Sí, por supuesto. Porque si no tienes nada que puedas vender, ¿quién te lo va a comprar? La gente anda con prisas y se pregunta si realmente necesita este producto. Por eso es preferible mimar la calidad y, a continuación, buscar la manera para que llegue a la gente.

–Uno de los retos para los medios de comunicación es captar a los jóvenes...

–Sí, sí..., es un tema de gran calado. Bien, le puedo explicar nuestro caso. Disponemos de tres cosas. Primero, lo más importante es sin duda el periodismo; todo comienza siempre con el periodismo: te has de asegurar de que los directores sean las personas más adecuadas, y que éstos sean conscientes de los cambios, de los cambios relacionados con las noticias, con los lectores. Segundo, vamos hacia nuevos medios de comunicación. Y no sólo me refiero a Internet, también quiero decir la televisión y la radio. Así podemos trasladar el periodismo impreso de “The New York Times” a las otras plataformas. Tercero, ya no podemos preocuparnos por cómo la gente se acerca a nosotros. Si quieren el periodismo de “The New York Times” en Internet o en la televisión pero no lo quieren en la edición impresa, lo aceptamos. Esto significa un gran cambio en nuestra manera de pensar. Nos hemos desplazado de la estrategia que se basaba en el crecimiento del periódico a otra que se basa en el crecimiento del público... y el público no siempre va a querer acercarse a tu periódico. Nos ha costado llegar a este punto, pero ahora ya estamos. “The New York Times” está en una cadena por cable, tiene la edición digital más grande del mundo, acaba de adquirir el “International Herald Tribune”, en las próximas semanas tal vez haga alguna cosa más en el mundo de la radio. Estamos buscando constantemente los medios disponibles para que la gente pueda acercarse a nosotros.

(...)

–¿Pueden convivir la edición impresa y la edición digital?

–No nos queda más remedio. Cuando empezamos con la edición digital, lo hicimos porque no había alternativa. Estábamos aterrados. Iba a robar a nuestros lectores del soporte papel porque es caro y lo digital es “gratis”. ¡Gratis! ¿Qué pasó de verdad?: la edición digital es la segunda mayor fuente (después de las llamadas telefónicas) de nuevos suscriptores. Nos “saborean” en la red, les gusta y acaban suscribiéndose al soporte papel. Y nos dan el número de la tarjeta de crédito; es decir: están contigo y no tienen que extender un talón cada seis meses.

–Pero todo lo gratuito acaba siendo de pago.

–El modelo cambia constantemente. El mayor crecimiento que se registra en Estados Unidos es en las cadenas “pay per view”, y hay cadenas que arrasan. Por otro lado, en Internet no funciona. En “The Wall Street Journal”, si quieres consultar los archivos hay que pagar. Hay un poco de todo.

–¿Cuál cree que será tendencia de los lectores, inclinarse por la edición impresa o la digital?

–No me importa en absoluto. No puedo permitir que me importe. Vengan de donde vengan, lo único que nos corresponde es estar allí. Ya no me lo planteo..., nadie en la organización lo hace. Es que todo es “The New York Times”; algunas subirán, otras bajarán. Nosotros divulgamos información según los gustos o preferencias del cliente.

(...)

–Usted acostumbra a señalar que los análisis ofrecidos por los mejores periódicos, revistas, websites, televisiones o radios siguen siendo las mejores contribuciones a una sociedad democrática, y recuerda que comprobar los hechos y las noticias en fuentes fiables no está pasado de moda, aunque se esté en una era digital...

–Nuestra reputación, la de todos los grupos de comunicación, se basa en la confianza. Cuando los periodistas no ofrecen un periodismo honesto, nos hacen daño a todos, incluso a los que no crean en lo que hacen. Me enfado más con un mal periodista que, por ejemplo, con un mal político, porque un país malo o un gobierno malo no me afectan tanto como un periodista malo. Y te hacen daño a ti también. Se trata de ideas muy sencillas. El buen periodismo resulta caro. Requiere tiempo y dinero, preparación... ¿Cuántos de vuestros periodistas entienden de verdad el mundo de los negocios? No paramos de escribir sobre los negocios, pero ¿sabe alguien descifrar un balance? Si no lo saben, ¿por qué están escribiendo sobre los negocios? Pero así es. Escribimos sobre las leyes, pero ¿las entendemos? Requiere tiempo. El periodismo de calidad es caro.

(...)

 

3. La Radio coge carrerilla
Resultados de la última oleada EGM
PRNoticias, 10 diciembre 2002

La radio ha comenzado su carrera por robar protagonismo a otros medios de comunicación en los últimos años.

Así, la tercera oleada 2002 de EGM (Estudio General de Medios), distribuida por la Asociación de Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), arroja para la radio una audiencia del 56,5 por ciento, tasa de la que no disfrutaba desde 1997.

También los diarios españoles siguen afianzando su posición en España, aunque todavía están muy lejos de suplantar a la todopoderosa televisión, que no cesa de avanzar posiciones, ni tampoco a las revistas con el 50,8 por ciento. La audiencia de los diarios españoles se establece en esta tercera oleada en el 38,1 por ciento.

La Televisión sigue como reina indiscutible de la audiencia, al superar la cuota del 90 por ciento. Con este resultado, el año llega al 89,9 por ciento, muy por encima de ejercicios anteriores. Las revistas tiene una cuota de audiencia del 50,8 por ciento y los suplementos del 27,7 por ciento.

Los resultados son menos alentadores para el cine y para Internet. En el primer caso se detiene el crecimiento con una cuota de del 10,1 por ciento frente al 9,9 por ciento obtenida en la segunda oleada. Para Internet, el parón se constató ya en la segunda oleada.

Por primera vez, se ha registrado una penetración de Internet inferior a la de la segunda oleada (22,6 por ciento frente al 22,7 por ciento). Estos resultados no dejan de ser paradójicos, en medio del creciente potencial del que aún disfruta la red.

 

4. El TC ampara por vez primera a un periodista que dejó su periódico por su cambio de línea ideológica
ABC, 13 diciembre 2002

El TC falla que obligar al periodista a seguir trabajando en un medio que cambia radicalmente de ideología hasta que haya una sentencia vulnera la cláusula de conciencia y es «inadmisible»

El Tribunal Constitucional ha amparado a un periodista del desaparecido diario «Ya» que en septiembre de 1997 decidió unilateralmente rescindir su contrato de trabajo y abandonar la empresa basándose en motivos de conciencia porque los nuevos editores y directivos del periódico le habían conferido «un matiz ultraderechista», contrario a los principios ideológicos con los que hasta ese momento se había identificado la publicación.

El periodista, que llegó a ser subdirector del diario, acudió a un Juzgado de lo Social de Madrid para reclamar su derecho a rescindir su contrato unilateralmente y, al mismo tiempo, su derecho a recibir por ello una indemnización. Sin embargo, el Juzgado rechazó su pretensión argumentando que el periodista acudió a la Justicia una vez que había roto su relación laboral con el periódico y debió hacerlo antes.

El juez sostenía en su sentencia que la acción de resolución del contrato va unida a que la relación laboral estuviese «viva y vigente», no sólo en el momento de la solicitud, sino mientras dure todo el proceso hasta emitirse una sentencia. Sólo en casos excepcionales y graves de atentado a la integridad física del trabajador o de vejaciones importantes contra la dignidad personal sería posible cesar de forma inmediata en el puesto de trabajo por decisión propia y acudir entonces a los Tribunales con derecho a reclamar una indemnización.

Dos sentencias anteriores en contra

El periodista recurrió esa sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que también le negó la razón el 5 de mayo de 1998. Posteriormente lo hizo ante el Tribunal Constitucional, que ahora sí le ampara reconociendo su derecho a la cláusula de conciencia, anulando las dos sentencias anteriores y retrotrayendo el proceso hasta el momento inmediatamente anterior a la primera sentencia. De esta forma, el TC ordena que se dicte un nuevo fallo que respete el derecho fundamental que ahora se ha reconocido al periodista.

Este alegó ante el máximo intérprete de la Constitución que podía solicitar de los Juzgados de lo Social la extinción de su relación laboral después de haber abandonado el medio de comunicación por razones de conciencia y que no puede exigirse al periodista «aguantar» en su puesto de trabajo suscribiendo una línea editorial que no comparte hasta que los jueces conozcan la reclamación planteada.

El periodista adujo que se marchó amparándose en su derecho fundamental a la cláusula de conciencia reconocida en el artículo 20.1, apartado D, de la Constitución una vez que el periódico «cambió radicalmente su orientación desde la llegada del nuevo director». En aquellas fechas, el editor del «Ya» era el polémico abogado José Emilio Rodríguez Menéndez y el director del diario, Javier Bleda. El editor se opuso a la pretensión de su empleado sosteniendo que no tiene derecho a indemnización alguna por haber roto el contrato de forma unilateral y en una fecha anterior a presentar su demanda judicial.

La Fiscalía del Tribunal Constitucional consideró, por su parte, que debía ampararse al periodista -como así ha ocurrido-, al estimar imposible restringir el derecho a la cláusula de conciencia obligando al periodista a permanecer trabajando en esas circunstancias, cuando «hubo un cambio ideológico radical y absoluto en la línea editorial del periódico».

«Situación incómoda y angustiosa»

En una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado Javier Delgado Barrio, el TC mantiene que «en el caso que ahora se examina resulta clara la concurrencia del supuesto de hecho que genera el derecho a la cláusula de conciencia». No en vano, el cambio ideológico se reflejó en la publicación de artículos que «provocan indignación en el trabajador» y «no hay duda que pueden dar lugar a una situación incómoda y angustiosa».

Sentada esta base, el TC entra a examinar la cuestión de fondo: determinar si el periodista, mediante «una mera decisión de autotutela inmediata», podía romper unilateralmente el contrato y demandar una indemnización, por vía judicial, en un momento posterior o si, por el contrario, es necesario mantener viva la relación laboral y soportar esas condiciones de trabajo mientras se presenta la demanda y se desarrolla todo el proceso (meses).

Y concluye que las dudas que pueda generar el procedimiento utilizado por el periodista para ejercer su derecho «no puede desembocar en limitaciones que lo hagan impracticable, lo dificulten más allá de lo razonable o lo despojen de la necesaria protección».

«Y es que -añade- la cuestión relativa a la posibilidad de una dimisión previa, con posterior reclamación judicial de la indemnización (...) no es sólo una cuestión procedimental o accesoria, sino que afecta decisivamente al contenido del derecho».

«Obligar al profesional, supuesto el cambio sustancial en la línea ideológica del medio de comunicación, a permanecer en éste hasta que se produzca la resolución judicial extintiva, implica ya aceptar la vulneración del derecho fundamental, siquiera sea con carácter transitorio -durante el desarrollo del proceso-, lo que resulta constitucionalmente inadmisible», continúa el fallo.

«Opinión pública libre»

Según el TC, la cláusula de conciencia no es sólo un derecho «subjetivo», sino «una garantía para la formación de una opinión pública libre» y, en este caso, la continuidad del profesional en el medio mientras tenía lugar el proceso judicial podía haber provocado «una apariencia engañosa para las personas que reciben la información».

Como consecuencia de ello, el Tribunal Constitucional concluye afirmando que «el periodista tiene derecho a preservar su independencia ante situaciones de mutación ideológica desde el momento en que la considere realmente amenazada, evitando conflictos con la empresa (que legítimamente puede alterar su línea ideológica) y riesgos de incumplimiento que, de permanecer en ella, pudieran darse y provocarle perjuicios por razón de su legítima discrepancia con la nueva tendencia editorial». «Está fuera de duda, por tanto -finaliza el TC-, que esa protección tan básica como tajante ofrecida por el artículo 20.1 d) de la Constitución incluye la inmediata paralización de la prestación laboral ante problemas de conciencia como los descritos, incluso con carácter previo al seguimiento de cauces jurisdiccionales y con independencia de cuáles sean los resultados posteriores».

 

5. Tele 5 gana la apuesta de los informativos
La Vanguardia, 14 diciembre 2002,  (extracto)

Todos somos gallegos en estos días de tragedia y la televisión se encarga, desde perspectivas diversas, de informar sobre unos acontecimientos que se van sucediendo día a día y debatir sobre las cuestiones más urgentes: “Àgora” (33), por ejemplo, se emitió en directo desde Muxía para hablar del futuro incierto que le espera a Galicia. Ese loable propósito de informar sobre el terreno es hoy casi una necesidad, pero nunca podrá negarse a Tele 5 el mérito de haber llevado antes que nadie la emisión de sus espacios informativos al mismo lugar de los hechos.

A Tele 5 le cuesta deshacerse de aquella primera imagen de cadena un tanto frívola (las célebres “mamachichos”) donde los informativos tenían un papel secundario. Esta cobertura del naufragio del “Prestige” y sus consecuencias, sin embargo, es una demostración indiscutible de su firme voluntad de romper tópicos y el público responde satisfactoriamente a este esfuerzo donde sus conductores y directores Hilario Pino y Àngels Barceló son las cabezas visibles de un trabajo de equipo digno de reconocimiento, que contrasta con el escandaloso silencio y hasta la tergiversación de TVE y Antena 3, que por unas u otras razones –políticas sobre todo– tardaron en reaccionar y se diría incluso que aún no lo han hecho adecuadamente.

 

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