21 junio 2004

Noticias de Comunicación
Boletín nº 83

Opinión

"Son periodistas, pero son buenos"
José R. Navarro Pareja, periodista

La frase no es inocua. Su disyuntiva esconde un cierto recelo, una desconfianza genérica a quienes ejercemos esta profesión. Si eres un buen periodista, pase. Si no eres de los buenos... Se la dijo Zapatero a Juan Pablo II en su reciente visita al Vaticano, cuando le presentó al grupo de profesionales de la comunicación que le acompañaba. Es muy probable que la frase no fuera más que una broma, que el objetivo fuera aliviar la tensión que se genera entre un joven presidente, legitimado por las urnas del 14-M, y el anciano líder moral y espiritual, legitimado por su trayectoria vital y la fuerza del espíritu. Pero más allá de la anécdota la frase encierra un constante conflicto del mundo contemporáneo: las relaciones entre los medios de comunicación, el poder político y la legitimidad moral.

No se dio el debate y quedamos huérfanos de conocer lo que entiende nuestro Presidente por un buen periodista. Podría ser quizás el que trabaja en un determinado grupo mediático, y tendríamos que preguntarnos entonces si su bondad se deriva de su eficiencia profesional o de su adscripción ideológica. Sería quizás el que, sintiéndose legitimado por el peso de los votos, convierte los medios públicos en altavoces partidistas. Sería tal vez, el que entiende que el ejercicio de la libertad de prensa acaba donde comienzan sus intereses políticos.

Lastima que se nos hurtara este debate. Hubiera sido interesante que Juan Pablo II le recordara a este presidente, o a cualquier otro, lo que él mismo dijo con motivo del Jubileo de los Periodistas: que los buenos profesionales de la comunicación son los que se esfuerzan por hacer que la luz de la verdad penetre en todos los ámbitos de la existencia humana, los que buscan el bien de todos y, en particular, el de los sectores más débiles de la sociedad, y los que ejercen su profesión respetando la dignidad y la legítima libertad de los demás.

 

Palabrería Sandia
Extracto de un artículo de Carlos Herrera, al hilo de las declaraciones en torno a los debates políticos en televisión
ABC, 9 junio 2004

Cuando creemos que la demagogia tiene un límite, comprobamos asombrados que ha sido superado de nuevo: el áspero pero eficaz Borrell ha caído en esa falta de vergüenza torera cuando espetó sin recato que esperaba a Mayor para "debatir en la televisión de todos" a sabiendas de que estaba pactado un debate en Antena 3. Ha sido necesaria la Junta Electoral  para que finalmente se recondujese la situación. Pero las palabras quedan, aunque sean fácilmente olvidadas por un sistema automático de eliminación que obra en el inconsciente habitualmente dogmático de los que quieren olvidar. Al tiempo, siempre surgirá quien recuerde lo dicho anteriormente y quien señale la contradicción, pero ello parece importar poco a una clase política que considera que este tipo de inconsistencias están justificadas en el fragor de una campaña electoral o en el desarrollo de ejercicio de oposición, cosas ambas que llevan a que los mítines se vacíen o a que las urnas no se completen. Sin embargo, tanta palabrería barata, engañosa, demagógica no es suficiente para despertar determinadas reacciones contundentes en la masa votante española, que asiste impertérrita a algunas tomaduras de pelo que difícilmente consentiría en sus planos personales o laborales más próximos. Que aquí todavía funcionamos con el martilleo de cuatro expresiones en las que se incluyan un par de veces mensajes sobre lo progresista y lo dialogante resulta un tanto desalentador, la verdad.

 

 

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