| FUNDACIÓN COSO de la Comunidad Valenciana para el Desarrollo de la Comunicación y la Sociedad inicio | qué es coso | convocatorias | noticias | memoria | publicaciones | reseñas RESEÑAS DE LIBROS
Recoge siete trabajos en torno a la nueva concepción de la democracia, tan influenciada por los medios de comunicación. La primera ponencia es muy interesante, y la tercera también está bien. La quinta y la sexta abordan el tema de la comunicación política en Gran Bretaña y Alemania. Los dos primeros capítulos abordan la cuestión de la revolución que para la democracia ha supuesto el auge de los nuevos medios de comunicación. Hemos pasado de un concepto de democracia de opinión, parlamentaria, a una democracia de las imágenes, de las emociones. “El liderazgo de la visibilidad, de la persuasión y las llamadas a lo emocional, ha solapado al liderazgo de la pedagogía política y la argumentación lógica” (pág. 81). Debido al ingente número de mensajes al que estamos expuestos (que algunos han dado en llamar “infopolución”), es notable “dificultad de encuadrar el diluvio informativo en un sistema de referencias” (pág. 20). La nueva misión de los medios de comunicación, más que describirnos la realidad, es construirla. Y el mundo político no ha podido quedar al margen de este giro copernicano: “la tv ha transformado a fondo el modo de hacer política, imponiendo su dictado al proceso democrático” (pág. 17). Estos dos primeros capítulos ponen muchos ejemplos de la importancia del mundo de la imagen en los procesos electorales. Entre ellos destacamos dos: la emisión de imágenes sacadas de contexto para suscitar emociones, como el ave manchada de crudo de la guerra de Irak, imagen que dio la vuelta al mundo y que resultó gravada en Alaska. Y la imagen de los políticos, que desde el famoso debate entre Nixon y Kennedy ha dado tanto que hablar. En la página 24 se nos cuenta este ejemplo: “Los franceses conectaron más con el sosiego de Mitterrand que con la agresividad de Chirac, porque la agresividad siempre molesta y repele cuando se contempla en el televisor. El público rechaza a todo el que desde la pantalla se excita porque en tv sólo es admisible el tono con el que se habla una persona que está sentada enfrente, a no más de dos metros; y repele al que grita o agrede gestualmente. Por eso se dice que Hitler hubiera sido imposible en la época de la tv. Su instrumento para llegar al poder fue la radio”. El capítulo 3 habla del márketing político, estableciendo un paralelismo entre demanda y cuerpo electoral, y oferta y programa político. El objetivo del márketing político no es otro que detectar los deseos del electorado y adaptar a éstos el mensaje electoral. La dificultad principal con la que se encuentra es la necesidad, impuesta por la cultura de la imagen, de resumir todo mensaje en 20 segundos, lo que aboca al comunicador a abusar de “titulares” y “eslóganes”, con la consecuente pobreza del verdadera información. Este capítulo también hace una valiosa crítica de los sondeos y encuestas, que muchas veces devuelven, como el espejo de la madrastra de Blancanieves, la imagen que el promotor del sondeo desea. El capítulo 4 aborda cuestiones relativas a la campaña electoral, y resalta su enorme duración, que obliga a los partidos a realizar inversiones verdaderamente millonarias. Se observa también una creciente personalización de éstas, que se centran en la imagen del líder, dejando de lado la presentación de un programa claro y distinto. El autor habla de una nueva teoría política, que obedece a cuatro principios básicos: “maquiavelismo, persuasión, imperialismo, arrogancia” (p. 115). Lo que queda suficientemente demostrado es que si el político no gana la batalla de los medios, pierde la guerra inexorablemente. El capítulo concluye con un interrogante, cuanto menos inquietante: “Parece ser que ha dejado de darse el proceso secuencial de la decisión política previa a la decisión de cómo presentarla. A partir de ahora, la política y la comunicación vendrán en el mismo paquete” (p. 117). ¿No habrá adelantado ya la comunicación a la política? Los últimos capítulos tratan de forma monográfica tres cuestiones. La comunicación política en concretos procesos electorales en Alemania e Inglaterra, y la situación del Derecho de la Información en nuestro país. Pienso que su contenido es menos interesante para comunicadores.
|