La principal tesis de
Margarita Rivière en “El malentendido” es la de que los medios de
comunicación tienen una marcada carga educativa que se está orientando
a convertir a los ciudadanos en perfectos consumidores. La información
televisiva va plegándose a las exigencias de una audiencia cuyo
paladar estragado de mensajes ya sólo atiende a lo espectacular, lo
ruidoso, lo breve, lo sencillo. La información queda así sometida al
imperio de lo “impactante” e inmediato, abandonando la elaboración y
el análisis, tan necesarios para entender el mundo que nos rodea.
Las grandes corporaciones empresariales del mundo del audiovisual
silencian aquella información que no quieren que llegue a la
ciudadanía, y nos transmiten –a través de informativos, películas,
programas- aquellos estilos de vida que estiman oportunos: a día de
hoy, el modelo del capitalismo salvaje. La televisión pues, no sólo
refleja la realidad social, sino que la dirige y configura conforme a
los deseos de unos pocos dirigentes.
En general el ensayo tiene un tono agradable y lúcido. Sus críticas al
exceso de información, a la tendenciosidad de la gran mayoría de ésta,
al mercantilismo que concibe las noticias como productos, y a la
visión de la vida como consumo que nos ofrecen las principales
tribunas mediáticas son muy certeras. Como la propia autora reconoce
en la introducción del libro, no trata de aportar soluciones, sino más
bien de formular las preguntas oportunas y compartir sus desazones y
perplejidades. Sobran sin embargo algunas críticas reiteradas a
ciertos gobernantes –auténticos sparrings de todos los escritores de
izquierda en boga, empezando por el sr. Chomsky-, así como cierto
romanticismo que se empeña en ver sólo defectos en el modelo de
economía de mercado. Si hubiera repartido algo de estopa entre
gobernantes de otros colores políticos, o hubiera incluido alguna loa,
por tímida que fuera, al sistema de mercado -por matizada que ésta
fuera-, hubiera ganado fuerza su argumentación.
Juan Martínez Otero
febrero 2008