Walter Lippmann
escribió el presente libro en 1922. Sus observaciones sobre el papel
de la prensa en una sociedad democrática, sobre la creación artificial
de consenso y sobre la opinión pública son lúcidas y certeras, y el
paso del tiempo no ha hecho sino corroborar las tesis del creador del
género de la columna de opinión.
El mundo moderno es tan complejo, afirma, que es imposible que sea
entendido en su complejidad por los ciudadanos de a pie. Junto con esa
imposibilidad externa, nos encontramos con que los individuos tampoco
son observadores objetivos, sino que sus estereotipos e intereses
hacen que perciban la realidad de un modo muy diverso y limitado.
Lippmann llega a afirmar que no se observa primero y se define
después, sino que muchas veces el proceso que seguimos es el
contrario. La prensa tampoco puede ofrecer una visión objetiva de la
realidad, ya que ha de plegarse a los gustos –estereotipos, intereses
y códigos- de sus lectores y a la propia naturaleza de las noticias,
limitadas por esencia a lo espectacular, lo conflictivo y lo
cuantificable.
La democracia, según Lippmann, se fundamenta, pues, en la ficción de
suponer que existe una ciudadanía informada, que comprende la realidad
y que se pronuncia a favor de unos candidatos u otros.
Para un correcto desarrollo democrático debería crearse una clase de
tecnócratas o ciudadanos totalmente desligados de la toma de
decisiones. Su trabajo consistirá en ordenar los hechos que acaecen,
para que sean los hombres de acción, los políticos, los que lleven a
cabo las intervenciones que estimen oportunas. Es utópico pensar que
los ciudadanos sean capaces de conocer esos hechos que han de
fundamentar la acción de los políticos.
Si bien es cierto que el desarrollo de esa clase de expertos no se ha
llevado a cabo, las afirmaciones de Lippmann son perfectamente
aplicables a nuestro entorno. La consecución de una ciudadanía bien
informada, capaz de asumir responsablemente su papel de portavoz de la
soberanía, sigue siendo pues uno de los retos actuales de la ciencia
política y de los medios de comunicación. Ahí está el guante para el
que quiera recogerlo.
Juan Martínez Otero