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Entrevista ante el Taller de Storytelling  Photography (próximo 20 de octubre)

Comenzamos el curso académico con mucha fuerza con el Taller ONG 2.0 y continuamos con mucha ilusión. Esta vez porque tenemos un curso de lujo con uno de los mejores fotoperiodistas del mundo, ISMAEL MARTÍNEZ, que estará en Valencia los próximos fines de semana (20, 21, 27 y 28 de octubre).

El curso va dirigido a responsables de comunicación de instituciones para que valoren la importancia de la imagen en la fotografía como  parte de su cultura corporativa.

En esta entrevista te acercamos la vivencia y experiencias de este gran profesional, un enamorado de África. Nos habla de storytelling photography, una de las grandes formas de comunicación que ha irrumpido con fuerza en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Ismael Martínez, fotoperiodista por la Universidad de Navarra y Master en Filosofía por Strathmore University (Kenia), desarrolla diversos proyectos fotográficos ya sea en el Amazonas brasileño, el IESE en New York, o un campo de refugiados en Turkana, en la frontera entre Etiopía y Sudán del sur. Ismael Martínez, con varias exposiciones europeas, desarrolla su trabajo con storytelling photography desde Nairobi para diversas instituciones en varios continentes. Antes de partir a la India en noviembre -hacia su siguiente proyecto sobre las castas- impartirá el taller sobre fotografía en Valencia ¿Cómo desarrollar historias visuales? Serán los próximos fines de semana (20, 21, 27 y 28 de octubre) en la Fundación COSO. www.ismaelmartinezsanchez.com

P: En la comunicación corporativa fotográfica ¿cómo se consigue reflejar la cultura corporativa de una entidad o institución?

R: Al trabaja con instituciones internacionales como Ayuda a la Iglesia Necesitada en el Amazonas, o una escuela de Negocios como el IESE, o la africana Harambee Internacional hay que profundizar a fondo en su identidad conceptual y visual. Qué es lo que dicen que son, cómo lo dicen y cómo se refleja esa cultura corporativa. Estudiar la adecuación entre la comunicación pública y la comunicación publicada. Se trata de repensar la comunicación visual institucional. Una idea sería ir más allá de los estereotipos. En mi caso, me fascina poder trabajar con instituciones educativas, asistenciales o culturales para romper o ir más allá de sus clichés, o simplemente dar un salto de profesionalidad rompiendo inercias. Por ejemplo, buscar el contraste, palabra que para un fotógrafo es parte de su búsqueda. En el caso africano, fotográficamente, me sorprende lo fácil que es vivir y morir en muchos países del continente frente al hiper-proteccionismo de la muerte en gran parte de la cultura occidental. He documentado la vida y la muerte, ya sea con un parto en el Congo o funerales en Costa de Marfil y Kenia. Muchos niños de países subsaharianos aprenden a convivir con la muerte como parte de su conocimiento habitual. Pienso que alguien que se enfrenta a la muerte y al dolor sabe mucho sobre la vida. Esto me interesa fotográfica y conceptualmente.

P: ¿Qué hay detrás de la mirada antropológica? ¿Quizá la esperanza en el ser humano?

R: Un fotógrafo vende una mirada. Junto a la habilidad técnica existe una concepción del mundo. Sin embargo, una percepción simplista indica que hacer una foto es apretar un botón o disponer de una cámara… Muchos ignoran que la mejor cámara no es la cámara, sino la educación del ojo. Y que no se trata de disparar a la realidad, sino de seleccionarla.

Por tanto, no es simplemente la realidad, sino cómo ves la realidad. En mi caso, me interesa bascular más allá del maniqueísmo entre el punto de vista naif y el punto de vista dramático. Me explico. África (o cada país) no simboliza ni el infierno ni el paraíso, como tampoco lo son Europa ni los Estados Unidos de Donald Trump aunque desgraciadamente… a veces los políticos puedan parecerlo. Ninguna persona refleja la perfección o la imperfección absoluta en esta tierra, ni nadie está ya condenado o redimido, como bien reflejó Hanna Arendt en su ensayo sobre la banalidad del mal Eichamn en Jerusalén… Ningún individuo o estado en la tierra es el mismo Dios o Belzebú.

En mi opinión, por eso debemos huir tanto de la ingenuidad como del catastrofismo. Más bien creo que allá donde estemos -en Nairobi, Valencia, París o Pernambuco- hay que buscar personas individuales, no continentes, países o tribus. En definitiva, el continente, país o tribu es sólo un pequeño punto de partida para intentar entender al otro, pero nunca un punto de llegada para ser encasillado bajo un estereotipo.

P: Háblanos de África. Naciones Unidas celebró recientemente el día de “El Mundo del Hábitat”. Nuestro mundo sigue creciendo de una manera predominantemente urbana y África es el continente con la tasa de crecimiento urbano más alto del mundo. Usted ha trabajado en una docena de países subsaharianos, vive en Kenia de forma permanente y tiene un Máster en Filosofía africana. ¿Cuál es su realidad africana sobre las ciudades como fotoperiodista?

R: Africa subsahariana existe aún en nuestra mente europea como un péndulo entre el drama y aventura. El drama de los cayucos, los genocidios o la malaria. Y, al otro lado, las historias de navegantes portugueses, los conquistadores británicos y el reparto colonial. Películas como Tarzán, Memorias de Africa o Las nieves del Kilimanjaro han creado una identidad sobre el continente negro. O también, por ejemplo, la idea Hegeliana de que los africanos eran seres prelógicos…

En fin, aún hoy, algunos hechos históricos perviven junto a ficciones estereotipadas. El continente africano en Europa o España, salvo excepciones (en publicaciones como Mundo Negro o blogs de calidad) suele estar dibujado o retratado en clave eurocéntrica. Se sigue buscando el Buen Salvaje de Rousseau.

En fin, en mi caso -como el de otros fotógrafos tales como José Manuel Navia- disiento de conquistar países o personas. Más que conquistar, prefiero reconocer. Reconocer las personas y las identidades, no conquistarlas para dominarlas. Así que miro alrededor, intentando ofrecer una mirada a los otros. Algo que pueda ir más allá de nuestros estereotipos mentales de tragedia y conquista.

Por otra parte, también hay muchas Áfricas: tantas como personas y más allá de los 50 países de hoy día, que fueron divididos artificialmente en la conferencia de Berlín de 1885.

En este contexto, África es la región del planeta menos urbanizada, estudios actuales indican que la población urbana se doblará en los próximos 20 años. Johannesburgo, Lagos, Nairobi o Abdijan tienen zonas financieras con modernos rascacielos. Edificios que rompen esas imágenes en blanco y negro de las películas de Tarzán o del National Geographic. Disfruto de los buenos documentales, pero la naturaleza de la selva ha impuesto un imaginario colectivo de ciudadanos africanos que parece que vivimos en chozas de paja y barro. Paradójicamente, mis amigos y colegas se sorprenden de que circulemos en Nairobi por autovías, tengamos varias universidades o infraestructuras centrales. Es cierto que no son las autovías de Suiza o Alemania, pero –con sus matices- se busca este progreso en varios sentidos…

Finalmente, en las ciudades subsaharianas todavía predomina el crecimiento horizontal sobre el vertical. Las ciudades africanas son muy extensas y tienen (salvo en los slum o suburbios) menos concentración por metro cuadrado que ‘las colmenas’ de algunas ciudades dormitorio europeas. Este crecimiento y extensión horizontal urbanístico africano supone un riesgo para la seguridad (pues es más difícil de controlar). Por otro lado, también un reto para la logística, que necesita de grandes infraestructuras para un tejido eficaz. Actualmente muchas de las infraestructuras en Kenia, Congo o Togo son construidas por la inversión extranjera del Gobierno Chino que, por ejemplo, ha construido el bypass (la circunvalación) sobre Nairobi o los estadios de futbol de Lomé (Togo) o la terminal del aeropuerto de Maputo (Mozambique).

P: Su proyecto fotográfico de la vida y la muerte en Turkana refleja esa comunidad de mujeres conocidas por alargar los cuellos con sus collares coloristas. ¿Cómo se integra tradición y modernidad?

R: Turkana es una zona desértica, áspera y dura en la frontera entre Kenia, Sudan del Sur, Uganda y Etiopía. Los turkanas son una tribu nilótica de gente fibrosa y recia, acostumbrados a caminar bajo altas temperaturas en el desierto. Trashuman con ganados, camellos o cabras en busca de agua. En este caso, como los masai, se mantienen fieles a sus tradiciones ganaderas. Estos animales, como cabras o vacas, suponen la fuente económica de los turkanas.

Paradójicamente, el exceso de agua también fue un problema para ellos el año pasado. Las inundaciones ahogaron parte del ganado. Cuando llegaron las riadas de agua, el ganado se encontraba desprotegido en la sabana, sin pequeñas elevaciones donde poner a salvo a los animales. A modo ejemplo, recuerdo que una mañana crucé un cauce seco encajonado por dos promontorios. Por la tarde, hubo una gran tormenta y al volver por el mismo lugar, aquel valle encajonado de 30 metros se había convertido en un peligroso río enfurecido y rápido de metro y medio de profundidad. Entendí entonces como se perdió parte del ganado…

Por otra parte, algunos nómadas se asientan en las riberas del lago Turkana, ejerciendo la pesca, una actividad mal vista por los turkanas hasta tiempos recientes. Allí se asientan en pequeñas aldeas. Entre estas comunidades, algunas personas han recibido el cristianismo, aunque muchos siguen combinando la fe con tradiciones animistas. Recuerdo estar documentando un funeral. Era un niño de tres años en una aldea. El padre, pescador en el Lago Turkana, no tenía medios para recoger el cadáver de su hijo, que había fallecido en el Hospital. El centro médico estaba a 30 km y la desesperada madre no podía tampoco recoger el cuerpo, así que terminó llamando a un párroco, quien acercó en coche el cuerpo del niño hasta el poblado. Yo no me di cuenta de que el paquete de tela que llevábamos en el coche era el pequeño cadáver del niño hacia la aldea, donde le dieron sepultura bajo la choza… Terminado el funeral católico algunos miembros de la comunidad hicieron conjuros por el alma del niño. Con esto quiero decir que eso que llaman inculturización (de la fe, en este caso) es un largo proceso.

P: Entre los grandes desafíos que enfrentan nuestras ciudades indudablemente se encuentra el de la coexistencia, siguiendo los grandes flujos migrantes procedentes principalmente de África. Al mismo tiempo, muchos de los países africanos registran las tasas de crecimiento más altas del mundo. ¿Cuál es en su opinión el potencial de este vasto y variado continente?

R: “Tú eres porque nosotros somos”. Este es un principio vivo de muchas tribus africanas, donde el servicio a la comunidad de la tribu está por encima de los derechos individuales. Si vives con los Masais, los samburus o cualquier otra tribu de bantúes, toda la estructura social está encaminada al nosotros. Así que esta percepción es muy diferente a la percepción occidental -esencialmente europea y americana- de los derechos del individuo. Si se descubre esa idea inicial, se puede entender algunas de las consecuencias prácticas del cotidiano día a día. Si no se entiende la cultura y la tradición africana te desesperas porque hay concepciones diferentes de entender la realidad.

Por ejemplo, hay una abundante vida comunitaria para ayudar a otros miembros de la familia con menos recursos o para que otro miembro del clan pueda estudiar. Sin embargo, el reverso de esta moneda es la excesiva dependencia a la tribu, la falta de un desarrollo personal individual (privacidad) o un fiero nepotismo. De todas formas, probablemente la esperanza africana esté en la educación y en que las élites culturales y financieras africanas de la cúspide tengan compromiso social, no sólo la protección de sus propios intereses.

 

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