En Coso hemos inaugurado una nueva forma de transmitir los contenidos que nos parecen más interesantes, y la hemos llamado “Coso Afterwork”, porque pensamos que responde bien al espíritu que queremos dar a esos encuentros: de 19:30 a 20:30, con un ponente muy interesante con el que poder intercambiar opiniones de modo distendido, en un lugar tranquilo.

El primer invitado ha sido Antonio Argandoña, profesor emérito de economía y ética de la empresa y titular de la cátedra Caixabanc de responsabilidad social corporativa del IESE, y el lugar inmejorable: la terraza del Casino de la Agricultura en Valencia.

Tras una breve explicación de qué entiende él por RSC (Responsabilidad Social Corporativa): una herramienta de competitividad, basada, no en el deseo de satisfacer las expectativas de los clientes potenciales sino en el de resolver sus necesidades reales, profundizando en el “por qué” de lo que la empresa hace, expuso que cada empresa define su RSC en diálogo con la sociedad en general y con  sus grupos de interés en particular, por lo que va cambiando en el tiempo, ya que debe tener en cuenta objetivos de desarrollo sostenible, derechos humanos, la desigualdad y la diversidad, la lucha contra la corrupción, la proximidad, la transparencia, etc. Contó como ejemplo de lo que nos quería decir el de una zapatería cercana a su casa en Barcelona, cuyo lema visible en el escaparate es: “No vendemos zapatos. Resolvemos sus problemas de calzado”.

Siguió exponiendo que todos tenemos una responsabilidad social, aunque la implicación de cada cual en ella es voluntaria más allá de las obligaciones legales; y esta responsabilidad tiene, para la empresa, consecuencias económicas, de reputación y en su legitimidad, dependientes de la búsqueda de la excelencia y de la calidad moral en el cumplimiento de sus objetivos.

Hizo hincapié en que, aunque es tarea de todos, la responsabilidad social de la empresa es consecuencia del planteamiento que se haga desde los puestos directivos. Si ellos están convencidos de que con su trabajo cumplen una misión que ayuda a mejorar el mundo en el que viven, trasladarán esa visión a los trabajadores, que por eso trabajarán mejor, pasarán a formar parte del proyecto y se involucrarán. Curiosamente este empeño, que requiere un discurso coherente, no centrado en el cumplimiento de objetivos de ventas, sino de coberturas de necesidades de los clientes en particular y de la sociedad en general, a la postre repercute positivamente en los resultados de la empresa a corto y especialmente a largo plazo.

Resultó una charla interesantísima por su contenido y muy grata por el marco en el que nos encontrábamos, en la que los asistentes pudimos intercambiar opiniones y plantear cuestiones muy de actualidad. En definitiva, una fantástica experiencia.