Fundación COSO para el Desarrollo de la Comunicación y la Sociedad


Boletín COSO
     nº 54

Fundación COSO
de la Comunidad Valenciana
para el Desarrollo de la
Comunicación y la Sociedad

13 de julio de 2005
Número extraordinario


La Fundación COSO organizó la semana pasada el 1º Stage Profesional en Londres. Participaron 11 periodistas de diversos medios. La estancia coincidió con los atentados que sacudieron Londres el 7 de julio, y que provocaron más de 50 fallecidos y cerca de un millar de heridos.  Por la actualidad de los acontecimientos ofrecemos un relato con el testimonio de algunos de los participantes.


Periodistas valencianos tras la visita a The TimesPERIODISTAS VALENCIANOS ENTRE LA ALEGRÍA Y LA TRAGEDIA EN LONDRES

Silvia Soria y Paco Grau, periodistas

Londres se ha convertido en el centro de atención mundial. En sólo una semana la capital del Reino Unido ha vivido su elección como sede de los Juegos Olímpicos del 2012, el ataque terrorista más brutal de su historia y la celebración del final de la Segunda Guerra Mundial. La casualidad ha querido que la Fundación COSO estuviera allí, y que los once integrantes del viaje profesional que anualmente organiza el programa ‘Periodistas valencianos / Periodistas del mundo’ de esta Fundación hayamos podido vivir en directo tres citas históricas que jamás olvidaremos y que nos han enseñado a entender mejor un país que afronta sus circunstancias de una forma bien diferente a la nuestra. Resumir todo lo que ha acontecido en la capital del Reino Unido en la última semana sería imposible, pero si nos ceñimos a nuestras propias vivencias podemos decir que este viaje ha sido enriquecedor en todos los sentidos.


Londres, 7 de julio de 2005La primera cita con la historia la tuvimos en la mañana del miércoles 6 de julio en la redacción de “The Times”, un diario que como nos explicó Peter Bale, editor de la versión digital, intenta adaptarse a la nueva realidad mediática que ha impuesto Internet renunciando al formato tabloide y apostando por el contenido humano de las noticias que la red actualiza al minuto. Mientras manteníamos otro interesante coloquio con Martin Fletcher, editor de Internacional, se acercaba el momento de la designación de la sede olímpica de los Juegos del 2012. Las mesas de la redacción estaban atiborradas de papeles, y los periodistas se agrupaban ante las pantallas de televisión. Nosotros, como ellos, seguíamos con atención la lectura del anuncio más esperado de los últimos meses. Fue Londres. Hubo un estallido de júbilo pero, tan comedido, que en seguida cada periodista estaba trabajando en lo mismo que momentos antes ocupaba su atención. La alegría se desbordó en la calle. En Trafalgar Square los londinenses bailaron durante horas ante una pantalla gigante y un cartel blanco en el que se podía leer “Thank you”, pero en la redacción del periódico más antiguo del Reino Unido nadie dedicó más de dos minutos a la celebración. Aquello, sinceramente, nos sorprendió. Una vez más, la flema inglesa.

 

El 7 de julio empezó sin sobresaltos. No teníamos prisa porque la primera visita del día estaba concertada a las 12, pero al acabar el desayuno en el hotel la televisión reclamó nuestra atención. Imágenes de un busto parlante sosegado, sin escenas hirientes ni gráficos macabros. En torno a las 9 h. habían estallado tres bombas en el metro. A todos nos vino a la mente el 11-M de Madrid.

 

En ese momento nos impresionó saber que una de las explosiones había sido junto a la estación de Liverpool Street, donde justamente teníamos que acudir para visitar Bloomberg TV. Nos planteamos qué hacer, y tras llamar a nuestras familias para decir que estábamos bien, nos pusimos en marcha. Optamos por el autobús, pues todas las líneas del metro estaban suspendidas. En la primera parada nos obligaron a bajar. Intentamos coger taxis, pero un taxista, muy alterado, nos dijo que otra bomba había reventado un autobús. Fueron momentos de mucha impresión, de pánico latente, pero seguimos caminando hacia el centro de la ciudad.

 

Pasamos por Brompton Road, en Knightsbridge, por la puerta de Harrods. Había tráfico, que fue decreciendo poco a poco hasta casi desaparecer. Seguimos andando entre Hyde Park y Green Park. Las sirenas de ambulancias y policía lo llenaban todo, pero al llegar a Picadilly Street el silencio era tan profundo que oprimía el corazón. Una de las calles de más tráfico de Londres aparecía sin un sólo vehículo sobre su calzada.

 

Los agentes de policía nos pedían que no siguiéramos, las bocas del metro estaban selladas con cordón policial y nuestros respectivos medios -Canal 9, Levante-EMV, Ràdio 9, Las Provincias…- nos llamaban para que fuéramos relatando a través del móvil lo que veíamos. Una fina lluvia fue apareciendo en el mediodía londinense mientras seguíamos andando por Picadilly Street a la vez que enviábamos improvisadas crónicas a Valencia.

 

Fue un trabajo inesperado, inmediato, arduo y doloroso, transmitiendo en directo lo que veíamos en las calles. Y lo que veíamos era, por ejemplo, mucha gente andando ya que no había otro medio de desplazarse por el centro de la capital, casi todos con el móvil pegado a la oreja y la vida que seguía con normalidad, con esa flema británica que nada parece poder alterar, ni siquiera unas bombas y unas decenas de muertos y cientos de heridos.

 

La visita a Bloomberg se aplazó para el día siguiente, pero esa misma tarde pudimos mantener un interesante coloquio con Andrew Thompson en la BBC World Service, la radio de la BBC. Eran momentos de mucha confusión. Allí nos confirmaron lo que empezábamos a intuir: política informativa de choque, silenciar datos escabrosos, dar sólo cifras confirmadas y no dificultar las tareas de los agentes de seguridad. Pero quisimos comprobarlo por nosotros mismos y algunos fuimos hasta la estación de King’s Cross, donde Magda Nicolau, que llevaba horas transmitiendo para Canal 9, iba a encontrarse con un equipo recién llegado desde Valencia para poder informar con imágenes. Allí había vagones destrozados en un túnel a treinta metros de profundidad  y pudimos entender que era el punto caliente de la tragedia porque las ambulancias llegaban en grupos haciendo sonar sus sirenas de forma estridente, pero salían de la zona acordonada en silencio y tan despacio que sentíamos que la muerte estaba cerca y en su interior. Fue el momento más triste de todos los que vivimos. Aquella noche las televisiones seguían hablando sólo de 33 muertos, Blair llamaba a la calma sin dar cifras, y sólo las portadas de los medios más sensacionalistas cerraban su edición con cifras superiores a 50 víctimas mortales. Lo que hablamos en la BBC era cierto, y se imponía la cautela. Algunos pudimos acudir al funeral que, esa misma tarde, celebró el obispo de Londres en Westminster Catedral.

 

La semana se nos pasó volando, y pudimos cumplir el programa casi según lo previsto. Sólo se suspendió la visita a la BBC-TV, por razones de seguridad. Resultó muy interesante el encuentro en Bloomberg TV con Antonio Belmonte e Irene García, responsables del canal español. Diseño hasta en el mínimo detalle del edificio y modernidad en todo el sistema de trabajo de sus profesionales fueron las principales sensaciones del grupo. La última noche tuvimos una cena-coloquio con Emili J. Blasco, corresponsal de ABC en Londres.

 

Excepto alguna línea de metro suspendida, la poca aglomeración en los tramos que funcionaban, las frecuentes sirenas de ambulancias, y las banderas de los edificios oficiales ondeando a media asta, nada nos hizo sentir la tragedia durante nuestras visitas culturales del fin de semana. El domingo estuvimos ante Buckingham Palace siguiendo la ceremonia de aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y sólo se hizo una mención a las víctimas durante la celebración del oficio religioso que presidió la Reina en la Abadía de Westminster. Por cierto, la vimos pasar en su vehículo oficial y nadie aplaudió, lo que también llamaba la atención.

 

Los integrantes del viaje de COSO entendimos que cada minuto puede encerrar acontecimientos trascendentales y que la historia se hace de material ordinario, que los profesionales que la relatamos debemos asumir nuestra responsabilidad social, que ante cualquier tragedia lo más importante son las personas, y que el heroísmo y la normalidad se dan la mano... Era un viaje profesional y acabó convirtiéndose en una singular lección de vida.

 


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